EL MAESTRO PARTIÓ
Por ANAYANCI QUIRÓS

El término “maestro”, venido a menos debido a la forma en que lo usamos muchas veces tan a la ligera, cobra verdadera importancia cuando uno quiere hacer referencia a una gran personalidad de la cultura de nuestro país como lo fue el maestro Oscar Scaglioni.
El maestro Scaglioni nació en Milán en 1927. Inició su carrera como cantante de ópera a temprana edad, ya que antes de haber cumplido los treinta años había interpretado muchos papeles principales de barítono, como por ejemplo “Rigoletto”, en prestigiosos teatros de Italia, Francia, Alemania y Suiza. Como cantante de una compañía itinerante italiana, llegó a Costa Rica en 1961. Aquí se enamoró de la costarricense Mabe Solano, por lo cual decidió establecerse en Costa Rica en forma definitiva. Contrajeron matrimonio y procrearon dos hijos.
Durante aproximadamente cuarenta y cinco años, el maestro Scaglioni dio su gran aporte a la cultura de nuestra pequeña Costa Rica. Fue profesor en el Conservatorio de Castella, la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica e impartió clases privadas, formando en la técnica italiana a las decenas de cantantes que pasaron por sus aulas. Además, asumió la dirección escénica de muchas óperas, como “Il Trovatore” “Il Matrimonio Segreto”, “Madama Butterfly”, “Tosca”, “El Barbero de Sevilla”, ”La Serva Padrona” y “La Traviata” entre otras.
Como buen ejemplo de su constante búsqueda de la excelencia en la interpretación, don Oscar ponía especial atención en el fraseo desde el vocaliso. Como su alumna, viví la experiencia del concepto estético que poseía del canto. Recuerdo que me decía: “Anayanci cante esto como cantar una aria, cante con sentimiento, con pasión…”. Son precisamente esas palabras, las que rodearon su vida el amor por la música, por su esposa y su familia, la pasión por la ópera: su vida. Y no hablo sólo de la presentación de una ópera en el escenario, sino hasta del pequeño triunfo que para él y para alguno de nosotros sus alumnos, se experimentaba en la clase cuando lográbamos entender alguno de sus conceptos y al maestro le brillaban los ojos y dejaba escapar alguna lágrima.
Éste es el maestro Scaglioni que yo conocí, al que espero honrar con una vida digna sobre el escenario, y podernos encontrar algún día y poderle decir nuevamente… ¡GRACIAS DON OSCAR y HASTA SIEMPRE !