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Año I, No. 3 * JULIO-AGOSTO 2008

Entrevista a la soprano costarricense Anayanci Quirós

Cantante y directora artística de la compañía Ópera de Cámara de Costa Rica

Por Carlos Castro Solano

carlos.castro.s@laretreta.net

 

¿Cuáles fueron los motivos principales que promovieron la creación de la compañía no estatal Ópera de Cámara de Costa Rica (OCCR)?

Hubo dos motivos principales. El primero fue la falta de oportunidades para los cantantes líricos en el país. Los cantantes sobre todo que queremos dedicarnos a cantar, no a dar clases y otras actividades por el estilo inmersas en nuestro campo. Y la otra fue la falta de un ambiente adecuado en el país para la lírica, no solamente de cantantes, sino a nivel cultural.

 

¿Cómo ha sido la respuesta de la empresa privada en el apoyo a las producciones que ustedes hacen?

Yo creo que ha sido buena; no tan excelente como quisiéramos como para tener bastantes recursos que nos permitieran que nos alcance el poder realizar una producción y además tener un superávit, pero por lo menos sí hemos tenido respuesta de la empresa privada, que es lo que nos ha permitido que ya para este año se cumplan seis desde la fundación de la compañía.

 

¿Cuáles eran los vacíos que usted sentía que habían que dejaba la Compañía Lírica Nacional (CLN) que vendría eventualmente a satisfacer la OCCR?

Los vacíos principales fueron que la CLN no tiene, para empezar, una personería jurídica ni legalmente viene a ser una institución autónoma del Ministerio de Cultura, sino que viene a ser un programa dentro del Centro Nacional de la Música, es decir, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). Pero el problema que eso conlleva es que —no sé por qué— ha costado mucho que los distintos jerarcas de dicha compañía (con salvadas excepciones durante estos 28 años) no se limiten a ser los organizadores de un solo espectáculo al año, no de una compañía como tal, que debe tener programas de educación, de proyección hacia las comunidades, de capacitación y renovación de los nuevos talentos que surgen en el país, estar enterados de la actualidad musical mundial, etcétera. En realidad, se ha reiterado lo mismo durante los últimos años: la producción de un único montaje al año y ya. Entonces nosotros, como OCCR, estamos tratando de tener todo un proyecto anual donde ofrezcamos diferentes cosas. Lo principal, que es lo que hacemos en los teatros, además de un proyecto muy lindo que iniciamos este año, que es de ópera para los niños, dentro de nuestro programa de responsabilidad social. Y después tenemos lo de la capacitación de los cantantes; tenemos algunos acuerdos para aprendizaje de idiomas y ahí vamos poco a poco, “con las uñas”, porque nos falta recursos para tanto que queremos hacer. Pero la idea es la de tener un elenco estable que tenga muchas oportunidades, que va caminando hacia la excelencia.

 

Pueden notarse algunas diferencias obvias de la OCCR con respecto a la situación de la CLN, sobre todo la independencia privada contra la amarras en el sentido político, respectivamente. ¿Qué ganan ustedes con la libertad de ser una compañía independiente? ¿Cuál es la diferencia entre la propuesta de ustedes y la gubernamental?

Nosotros estamos haciendo varias producciones al año, aunque no sean tan costosas como las de la CLN, que eso es el problema. Es una decisión pero no es política. Las políticas son poco claras y, por ejemplo, en este caso, un Ministerio de Cultura confía en lo que los jerarcas de las distintas ramas les dicen a la hora de tomar decisiones, puesto que las autoridades superiores o los encargados directos de estos programas a veces no tienen suficientes nociones sobre música ni sobre el bagaje que debería tener quien ostente el cargo de director de la CLN. Por eso, en el caso actual, es al señor Ramiro Ramírez quien le toca proponer las diferentes puestas en escena de años anteriores y por venir. Y no es cierto que sea de parte del Ministerio de Cultura, porque ellos posteriormente simplemente le dan el apoyo necesario. En realidad, creo que ha sido falta de compromiso, y en el fondo quieren que la situación se quede así: una ópera al año y punto. No hay un compromiso lo suficientemente serio como para apoyar los talentos locales. Lo ejemplifico conmigo misma. Yo hice mi debut con la CLN por medio de una audición en 1997, con un pequeño papel en Lucia di Lamermoor, de Donizetti. En ese momento el director era Gonzalo Castellón. Siguieron un par de producciones más a su cargo, y luego me llamaron para desempeñarme como asistente de la compañía (por eso sé bien cómo funciona desde adentro.) Así que yo sé que si el jerarca logra ‘venderle’ una buena idea de lo que es una proyección al Ministerio, se podría hacer, pero no hay un compromiso de ese tipo. Por otro lado, el papel del director de la CLN tiene un muy bajo salario, por lo cual la gente que llega ahí es prácticamente ad honorem, por lo que surgen situaciones difíciles de controlar y entran en juego otro tipo de intereses más allá de la CLN. En 2004, cuando yo había perdido todas las esperanzas de hacer algo bueno en la CLN —ya tenía dos años de creada la OCCR—, vienen el maestro Chosei Komatsu con su esposa, que la iban a nombrar de directora y hago la audición sin esperar nada. Y me gano el papel de Cio-io San en la ópera Madame Butterfly de Puccini, así como el resto de compañeros (Raquel Ramírez como Suzuki, Ernesto Rodríguez como Pinkerton, José Arturo Chacón como Sharpless); entonces vemos otra perspectiva: viene alguien de afuera, que no conoce las rencillas caseras que eventualmente hay aquí y reconoce el talento nacional, se cambia el discurso de que a los cantantes costarricenses no se les da oportunidad porque no sirven. Tuvimos excelentes críticas de la prensa nacional, que dedicó una sección en especial para dar su opinión del elenco nacional por aparte del extranjero, en aquella ocasión. En 2006 nos invitaron a la temporada oficial de la OSN. Luego, José Arturo Chacón toma las riendas de la CLN. Él trata de hacer un proyecto de una escuela para cantantes jóvenes y no obtiene el apoyo que esperaba, por lo que renuncia. El año pasado se hizo la producción del Falstaff de Verdi y realicé la audición, al igual que otros colegas; pero luego ni siquiera recibí una carta donde se dijera que no había sido seleccionada, declararon desiertos los papeles y se contrató a los solistas recomendados por el señor Ramiro Ramírez. Yo realmente ya me cansé de luchar contra este sistema de la CLN y estoy absolutamente enfocada a que el proyecto de nosotros tiene que ser cada día más apoyado. Ahorita estamos buscando el apoyo ministerial porque tenemos avanzada la producción de Le Nozze di Figaro de Mozart para el 2009, ojalá en el Teatro Nacional, que esperamos que se apruebe, para hacer una coproducción, que espero que la señora Ministra Carballo, este caso sí es consciente de los talentos costarricenses y tienen una apertura a apoyar grupos independientes.

 

¿Cuál ha sido el aporte de la compañía de ustedes durante estos seis años de existencia?

Le hemos dado oportunidad a aproximadamente 19 cantantes nacionales que han estado en las diferentes producciones; se han incentivado fuentes secundarias de trabajo con respecto a vestuario y escenografía; se han involucrado cantantes jóvenes como coristas o con pequeños papeles, que son estudiantes de canto en su mayoría; hemos intentado reactivar la ópera en las comunidades, al viajar a realizar extensión cultural; hemos promovido los diferentes géneros de la lírica, no sólo la ópera, sino también la zarzuela, recitales de canción y el resto de manifestaciones del canto lírico. También a partir de este año hemos cambiado el enfoque de que no sólo nos preocupamos de hacer conciertos o espectáculos en teatros, sino también crear programas que vamos a tratar de desarrollar con el transcurrir de los años, con la ayuda de la empresa privada y melómanos amantes de la lírica que nos ayudan con diferentes aspectos. Creo que es un aporte importante, que podemos engrandecer si somos constantes y perseverantes en ello, porque es muy difícil.

 

¿Tienen dos visiones distintas la CLN y la OCCR?

Sí, la verdad no me queda clara la visión de la CLN, porque siendo un programa de la OSN, tan de avanzada en el resto de sus programas (educación, bandas, orquestas) donde lo principal es el artista costarricense, es paradójico que la CLN no quiera hacer eso, sino que lo que le interesa es un montaje al año donde (en su mayoría) lo que hacen es traer cantantes extranjeros, algunos de ellos de muy dudosa calidad. Si nos dijeran que están trayendo grandes maestros del canto actual, de quienes estamos impacientes de aprender y mejorar, por medio de un curso magistral, de modo que su aporte quede palpablemente en la comunidad lírica de país. De hecho, en Chile se implementó un modelo así, en el Teatro Municipal desde los años setentas, que comenzaron a llevar a grandes del canto. Entonces a los jóvenes chilenos de aquel entonces se les daba el privilegio de hacer pequeños papeles o de alternar el papel con alguna de esas grandes figuras, entonces hubo un desarrollo grande en ese sentido. Si me dicen que van a implementar un sistema así, sería maravilloso, pero en realidad creo que no es lo que se está persiguiendo aquí actualmente.

 

¿Cómo ve la situación actual de la lírica en Costa Rica?

Yo creo que a pesar de todas estas cosas yo creo que incluso el trabajo nuestro como OCCR desde hace seis años —que la gente no esperaba que un grupo independiente pudiera hacer un montaje—, ha servido como de inspiración a otros y surgieron grupos todavía un poco amateurs, de muchachos que han hechos sus pequeños montajes y están tratando de hacer un trabajo estable como grupo para hacer cosas. Yo pienso que ha sido una labor importante de difusión, que ha permitido que ya un poco más de gente conozca y le tenga un poco menos miedo a la ópera en el país.

 

¿Hacen falta más solistas vocales a nivel profesional en nuestro país?

Sí, hacen falta, por supuesto; sobre todo en ciertas tesituras, pero esto es delicado, pues puede tomarse como justificante para que la CLN incorpore algunos cantantes internacionales a sus elencos. Pero ellos también podrían escoger el título adecuado con respecto a los cantantes que hay aquí, al revés. Entonces es muy fácil decir eso. Pero si yo escojo otro tipo de ópera donde tenemos cantantes apropiados según las características, la cosa cambia, que es básicamente lo que nosotros como OCCR hemos venido haciendo.

 

¿Cómo ve el futuro del canto lírico en Costa Rica y qué nos hace falta para tener un ambiente ideal para el desarrollo operístico en el país?

El futuro se ve dependiendo de la entereza que se tenga para asumir esta responsabilidad que tenemos y de la valentía que tengamos para empezar por hablar las cosas como son realmente. Y no quedarnos sólo en hablar, sino actuar consecuentemente haciendo cosas. Dependiendo de que toda esta generación que estamos ahora queramos realmente comprometernos con un movimiento que podemos llevar adelante, sin caer en componendas con gente, sino hacer responsable y honradamente lo que sea estemos haciendo, puede ser muy bueno un desarrollo serio de la lírica. Precisamente, en noviembre pasado tuve la oportunidad de ir a Italia para recibir unas clases de canto y un profesor me mencionó lo sorprendente de la cantidad de talento que se encuentra en Latinoamérica, y justamente Costa Rica no es la excepción. Pero hay que desarrollarlos, de ahí la importancia de entrenamiento de ellos, porque es una cadena: los que están empezando a estudiar canto, los solistas activos y los que ya hicieron su aporte, tenemos que tener un compromiso para que esto cambie. Yo creo que en el futuro podríamos tener un gran movimiento lírico en Costa Rica, pero hay que tomar las decisiones ya. Los cambios no se perciben de un año para otro, pero en el plazo de un lustro o una década, puede ser maravilloso lo que encontremos.

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