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Año I, No. 3 * JULIO-AGOSTO 2008“Nuestro siguiente paso hacia el futuro debe ser conceptual”
Entrevista con el director Ramiro A. Ramírez
Por Carlos Alberto Castro S.
¿A qué se debe la elección del Fausto de Gounod como la ópera que montaría la Compañía Lírica Nacional (CLN) en este 2008?
No se debe a ninguna razón en particular, excepto que nos pareció interesante dos aspectos: la deuda que tenemos con el repertorio francés, habiendo una gran riqueza en dicho repertorio de música preciosa, porque hacemos mucha ópera italiana. Así como el Falstaff (ópera de Verdi) del año pasado tenía un vínculo literario con Shakespeare, también a la Ministra de Cultura le pareció interesante que la obra que seleccionáramos tuviese ese mismo tipo de intertexto, como es el caso del drama homónimo de Goethe en este caso. Y, como segundo punto, que en los años de existencia de la CLN, que ya son 28, nunca ha puesto en escena este título, que fue con el que se inauguró nuestro Teatro Nacional. Sí se hizo en algún momento en los ochenta.
Sí, en 1987 se montó por última vez mediante una producción de la Universidad de Costa Rica a través de la Escuela de Artes Musicales, tanto con los solistas como con los ensambles universitarios.
Pero la CLN como tal nunca lo había hecho. Tiene música muy linda, entonces por esa suma de factores nos decidimos por esta ópera.
Desde el punto de vista musical, ¿qué tendencia estilística planea seguir?
No hay ninguna tendencia, yo creo que en mi trabajo procuro apegarme al estilo lo más posible y evitar amaneramientos en la interpretación vocal de viejas escuelas de canto, con la interpretación y las herramientas disponibles hoy día y el talento del cantante y de los músicos va a ser una representación lo más exacta y fiel posible a las intenciones que nos da la partitura. Esta ópera en particular, ha sufrido muchos cambios según la época. Los directores escénicos se intrometían mucho en la interpretación y se les dejaba que influyeran, incluso el mismo compositor, por el interés de que se representara la obra. En esta propuesta, dejamos el ballet de lado —por razones de espacio y tiempo—, que se incluía en algunas puestas en escena por tradición.
Sabemos que estuvo en Guatemala dirigiendo Carmen de Bizet. ¿Cómo estuvo la experiencia allá y podría hacer alguna comparación entre el ambiente lírico guatemalteco y el costarricense?
Trabajar en Guatemala siempre es lindo, porque hay gente con mucho entusiasmo, a mí me encanta el país. Y ese auge que tiene la ópera en Guatemala es 100% por medio del apoyo privado, no es estatal. Es la compañía Interarte, que fundó Stefano Poda (director escénico para el Faust próximo) con otras personas en Guatemala. Han logrado un apoyo importante y credibilidad para lograr el apoyo de la empresa privada; además de lograr invertir en una causa social, como es la de los programas de alfabetización que tiene la Fundación Ramiro Castillo Love. Todo el ingreso que se hace por taquilla se destina a esta fundación, que ayuda para que miles de niños puedan ir a la escuela o que reciban capacitaciones en aprendizaje. Aparte de eso el Banco Industrial patrocina fuertemente y se ha comprometido con la causa. Se invierte mucho trabajo y mucho esfuerzo. Se hace un trabajo muy serio, los músicos de la orquesta son contratados, no hay un aporte como en el caso nuestro. La de nosotros es una producción estatal con instituciones que pertenecen al Ministerio de Cultura y Juventud: la CLN, el Teatro Nacional, la Orquesta Sinfónica Nacional. Allá es diferente: allá todo se paga y se contrata, hasta el teatro. Entonces es lindo ver que sin que haya este aporte institucional gubernamental pueda existir un movimiento de este tamaño. Cuesta mucho pero es posible. Nosotros a veces damos por sentado y hasta menospreciamos las posibilidades para trabajar con un ministerio de cultura como el nuestro. Entonces nos quejamos de que no hay esto y no hay más de aquello. Pero tenemos una gama de posibilidades impresionantes a nivel cultural y si de algo se preocupa el Ministerio de Cultura es de ofrecer un abanico muy amplio. No se le puede pedir a una institución que satisfaga todas las demandas culturales y educacionales que pueda haber; para eso hay programas: de bandas, de centros de enseñanza, de sinfónica, de ópera. En Guatemala, aunque hay autoridades culturales gubernamentales que tienen un trabajo constante (como la Sinfónica Nacional) este tipo de actividades grandes tienen que ser privadas porque el Estado no toma parte.
¿Y qué se gana y qué se pierde con que sea de parte de una iniciativa privada el montaje de una ópera?
No sé qué se gana y qué se pierde. A mí me parece que el que gana siempre es el público, porque está la oportunidad de ver propuestas muy actualizadas y novedosas —que te guste o no es otra cosa—, pero hay un trabajo detrás. Y gana mucho el artista local, porque de otra manera no tendrían la posibilidad de trabajar con directores y solistas internacionales, que tienen que trabajar con ellos por algunas semanas hasta alcanzar un producto de determinado nivel. El coro es un esfuerzo totalmente guatemalteco, un coro privado de 65 personas que con el tiempo llegaran a ser un conjunto muy sólido. Los cantantes de allá también tienen participación. Además de actores, artistas plásticos, personal técnico, vestuaristas, tramoyistas en general. Es una fuente de ingreso y de trabajo momentáneo.
En Costa Rica, el presupuesto siempre es un tema de qué hablar a la hora de hacer un montaje operístico; la mayoría de las veces siendo un limitante importante. ¿Cree que puede flexibilizarse el modo de operar actual? Por ejemplo, —en vez de hacer una sola producción grandiosa— hacer dos óperas de montaje más modesto o una ópera y una gala lírica con solistas nacionales…
Todo es posible, todo son elecciones. Aquí quienes eligen son nuestras autoridades culturales, en el caso nuestro, tenemos una junta directiva, presidida por la ministra María Elena Carballo. Los esfuerzos no son aislados, sino un trabajo conjunto con el Teatro Nacional y la Orquesta Sinfónica Nacional, que tiene su temporada con su respectivo director titular. Todo hay que negociarlo, entonces le toca a esas autoridades decidir qué se hace con el presupuesto y el tiempo disponible. Pero la CLN hizo varias veces más de un título al año, dos producciones casi simultáneas, una seguida de la otra. No es que nunca se ha hecho.
Pero durante todos los últimos años ha sido una por año…
Efectivamente. La última vez fue en 1998, que se hicieron dos. Todo son elecciones. Ahora, dependiendo del título y del tipo de propuesta que se quiera hacer, de cuánto quiera invertirse en un elenco (si lo traemos de afuera, si hacer doble elenco o si son todos nacionales), pero es realmente hasta dónde alcanza la cobija. Y para este particular momento, la decisión es por el presupuesto que aportan las instituciones involucradas para una producción con un elenco que mezcla el talento internacional con el nacional.
Si revisamos el historial de montajes de la CLN durante los últimos años, podemos encontrar la reiteración de algunos títulos o de la predilección por determinados compositores consagrados por el público masivo, como Verdi o Puccini, que son las óperas que han ganado fama entre la gente y en el ambiente lírico. ¿Cuándo se va a buscar montar óperas más modernas (llámese a partir del siglo XX) o incluso, si es del caso, comisionar una ópera a un compositor nacional?
Es una pregunta interesante. La propuesta del año pasado nadie esperaba verla en Costa Rica. Falstaff es una gran excepción y quedó muy bien. Fue un trabajo muy serio de un grupo mayormente costarricense; eso me dejó a mí muy contento y satisfecho porque se demostró que se puede hacer un montaje impensable hace un tiempo. También, el Faust no se ha representado en más de veinte años, ni la CLN ni el Teatro Nacional lo han planteado desde 1987. Entonces hay una generación y media de costarricenses que no ha visto esta ópera. No sé cuándo llegará el momento de que se comisione una ópera a un compositor nacional. Es un buen tema, para ver quiénes escriben para las posibilidades del canto aquí actualmente. (1)
… ¿y qué hay del repertorio alemán, que se ha dejado de lado?
Sí, lamentablemente. A mí me encantaría hacerlo, es un reto que tengo. No sé cuándo tenga la oportunidad, por ejemplo, me encantaría hacer una ópera de Richard Strauss, Rosenkavalier, una de mis favoritas. Sería un trabajo muy arduo, principalmente por el trabajo de nuestro elenco nacional. Porque una cosa es trabajar para manejar la fonética italiana o ahora con el francés. Pero el alemán requeriría grandes esfuerzos de pronunciación y memorización. Pero es algo que vale la pena intentar, además de que tiene otras dificultades, como el problema de la orquesta. Como nuestro teatro no tiene foso, el espacio que se ocupa para la orquesta invadiría casi la mitad de la luneta. Además, por más grande que sea la voz que está en el escenario, el público tiene la orquesta casi en el regazo, por lo que sería muy difícil para el cantante. Son limitaciones técnicas que lo hacen más difícil para que suene como debe sonar; por lo menos en esta institución se tiene que hacer de la mejor manera posible. Yo pienso que el momento para montar estas óperas será cuando tengamos un nuevo teatro, que va a tener que contar con el espacio de foso adecuado y una sala más grande donde se pueda vender más localidades, para poder traer los solistas adecuados para este repertorio y que puedan trabajar con nuestro elenco, por caro que resulte. A la misma vez, se hacen menos funciones pero se llega al mismo público, para manejar mejor un presupuesto. En ningún lugar la ópera es sencilla y aquí no nos interesa hacer ópera sencilla, tiene que hacerse bien, es lo que queremos.
¿Qué opinión tiene de la situación actual de la lírica en Costa Rica?
Yo la veo atravesando tiempos difíciles. Lamentablemente, del canto no se puede vivir en nuestro país, creo que tienen un poco de mejor suerte algunos instrumentistas, porque eventualmente pueden tocar en diferentes ensambles, bandas u orquestas o con música de cámara. Es muy difícil para un cantante vivir de la música aquí. ¿Y qué hace un cantante graduado? Yo no soy de los que cree que un cantante que se gradúa de la universidad lo que tenga que hacer para ganarse la vida sea enseñar. ¿Qué va a enseñar? Yo no he querido enseñar por veinte años y hasta ahora voy teniendo algo qué enseñar. Cuando se gradúa alguien de canto, se pone a dar clases en una escuela o una academia porque tiene que vivir de algo, se daña la voz de tanto hablar y no necesariamente está adquiriendo una experiencia que le sirva y se puede volver hasta frustrante. No sé si haya solución para eso, ni esta tiene que venir siempre del Estado. ¿Qué se hace, cómo se agencia algo para que haya un incentivo? ¿Qué esfuerzo nacional hay para crear cantantes? ¿De qué sirve, qué aporta? Y es un cantante hablando, pero me preocupa, porque hay buenos elementos pero no hay suficientes y tienen la razón los que estudian canto de estudiar otra cosa. Pero vea lo más difícil entonces que se hace, porque además de estudiar canto están llevando otra carrera. No sé la solución. También hay esfuerzos que se hacen para personas que quieren destacar y que tienen talento prometedor se vayan afuera a estudiar, como el programa de Íride Martínez. Ella lo que hace es colocar a estos muchachos en un coro europeo, que es un medio digno de trabajo y que da montones de experiencia. Pero la gente que estudia canto lo que quiere es ser solistas y pararse en un escenario. Nadie estudia para terminar en un coro, pero esas son realidades. En ese sentido, debe llegar el día en que el Coro Sinfónico Nacional, que dirijo hace veinte años, cambie su modelo y deje de ser voluntario, porque cada vez me está costando más conseguir personas con el talento y el tiempo para donarle 9 horas a la semana. Entonces sigue un proceso de cambio, de modo que de allí puedan egresarse muy buenos cantantes y hasta grandes solistas. Hay que hacer los siguientes grandes pasos, son partos hacia arriba que requieren recursos económicos, como el profesionalizar el Coro Sinfónico. Pero, ¿tengo suficiente gente con título de canto como para formar un coro de profesionales? Lo interesante es que los que estudian canto que se están yendo y terminan cantando afuera en coros no pasan por aquí. Y hay miembros actuales del Coro Sinfónico que han trabajado con directores de mucho renombre y que han cantado un repertorio impresionante a lo largo de estos años. Pero los que estudian canto no son miembros y es eso lo que les está dando trabajo afuera.
La escogencia del elenco, ¿qué procedimientos sigue o qué criterios rigen?
La escogencia del elenco artístico no es una decisión democrática ni con la CLN ni con la OSN, es una potestad del director. Cuando se ha querido hacer audiciones para conocer los cantantes que hay, se ha hecho. Yo las hice el año pasado. Pero nadie me va a convencer a mí —que los conozco a todos— de que del año pasado a este se inventaron nuevos cantantes o que cantan tan diferente, no sucede. Pero la elección siempre la hace la dirección artística de una producción pero no por capricho nada más, sino según lo que se puede pagar, de lo que resulte atractivo para el público, de que haya una combinación de lo que viene de afuera y lo que se tiene aquí para hacer un buen trabajo. Las audiciones se hacen cuando se necesita y para esta ocasión ofrecimos audicionar un par de papeles, de allí escogimos uno (Joaquín Yglesias) y la otra persona nos canceló por motivo de viaje. La CLN ha hecho audiciones muchas veces y no está obligada a hacerlo. Uno propone nombres y la junta directiva aprueba o reprueba, o da su criterio, si quieren más cantantes nacionales, si hay posibilidad de doble elenco, si hay o no dinero suficiente…
¿Cuáles son las variables para determinar el número de artistas nacionales? ¿Es una cuestión presupuestaria o artística?
Casi siempre es el resultado de la combinación de esos factores. Hay de todo.
En ese caso, ¿usted siente que están haciendo falta más solistas vocales a nivel profesional en nuestro país?
A mí lo que me parece no es que hagan falta más o menos. Me parece que el solista nacional en formación no recibe en sus casas de estudio la preparación adecuada para enfrentarse y pararse frente a una OSN. Entonces no siempre puede la CLN proveer eso. Si quieren que esta sea una escuela de perfeccionamiento vocal, que le den los recursos. Pero fue creada para montar espectáculos, no me toca a mí elevarle el nivel. Si sirven, perfecto; cuando podemos, se involucra a los que tienen cierto nivel, pero me ha pasado que se contratan personas como jóvenes profesionales y una pequeña orquesta les ahoga la voz. Entonces no es siempre que no se quiere; además hay cuestiones de credibilidad, si vamos a tener un solista con determinado perfil o no tiene la voz para el papel, no hay nada qué hacer. En el caso del Mefistófeles en Faust es una figura demasiado fuerte y necesito seguridad en el papel, una persona que resuelva y que me atraiga público, porque es un producto que tengo que vender y tenemos una responsabilidad de taquilla que cumplir. Yo soy de los que creo muchísimo en el cantante local, a lo largo de los años me ha tocado trabajar y ayudar a muchos en muchas cosas. Me parece que cuando me ha tocado trabajar como director musical con la ópera, el elenco nacional que llega, llega dando lo mejor posible y crece, por la experiencia, por el trabajo conmigo y por la exigencia. Eso me parece rescatable, pero tiene que tener la voz.
A nivel académico o institucional (ya sean las universidades estatales, el Coro Sinfónico o la CLN), ¿qué puede hacerse para mejorar el desempeño de nuestros cantantes?
No sé qué pueda hacerse. Tiene que haber una dirección musical a nivel de esos ensambles universitarios que en el repertorio que programe, tome a esta gente y les exija para que crezcan. Hay algo que no se aprende si no es estando ahí: cómo defenderse frente a una orquesta, es una cuestión difícil. Pero yo no puedo agarrar un presupuesto de cien millones de colones y confiárselo a alguien que nunca lo ha hecho y pararlo ahí en frente. Es una responsabilidad. ¿Pero cómo se adquiere? Parte de su formación lírica debe ser adquirida donde estudia con ese tipo de actividades: un director que les exija y les haga elevar el nivel en el repertorio y que les haga rendir con la cantidad de volumen necesaria.
¿Cómo encuentra el movimiento de la lírica nacional con respecto al resto de Latinoamérica, por no comparar con Europa, que ya sería desproporcionado?
En América Central vamos muy bien, me parece que tenemos un liderazgo indiscutible en la región, por la solidez y la continuidad que hemos demostrado. Y a mí me encanta la efervescencia que hay en el surgimiento de compañías privadas que hacen su trabajo y generan fuentes de trabajo, que van creando su público. Tiene que haber de todo. Pero desde Costa Rica se exporta este talento lírico, de hecho las tres veces que he dirigido en Guatemala mucho del elenco me lo llevo, son solistas ticos que van a cantar allá. Con respecto a Sudamérica, hay varios países con una fuerte tradición en la ópera y que por determinados problemas han venido a menos: Venezuela, por ejemplo. Se mantienen Colombia, Argentina, Brasil, Chile, con temporadas muy fuertes. Nuestro siguiente paso es un paso conceptual, porque tiene que responder a una visión muy grande y ambiciosa hacia el futuro. Tan grande como aquella decisión que se tomó en el siglo XIX en esta aldea que hoy llamamos San José, hubiera un teatro como el que perdura, que todavía hoy es nuestro máximo coliseo. No es posible que en pleno siglo XXI no podamos hacer un siguiente paso y con las condiciones más favorables que tenemos hoy. Tiene que haber un teatro que pueda mantener espectáculos con dos mil quinientas personas, de manera que el ingreso por taquilla sea más grande y los precios más bajos para cada persona que llega. Que llegue a tener su orquesta propia, su compañía de ballet, su coro estable. Como es en todo el mundo, aquí el teatro es una casa de alquiler. Es una fuente generadora de trabajo, eso hace falta.
El futuro de nuestro canto lírico, ¿hacia donde va?
Ese futuro va hacia donde quiera guiarlo sus autoridades: el respectivo ministro y su junta directiva. La CLN es un pequeño programa dentro de un monstruo que llamamos Centro Nacional de Música, al que acaba de añadirse el recién creado SINEM. Dichos jefes responden a presupuestos y planes de gobierno. La CLN no puede reinventarse sola, no tiene la capacidad.
¿Está vislumbrada alguna reforma respecto al manejo de las políticas de la CLN para dar esos pasos hacia el futuro?
Excepto insistir, no se puede hacer mucho. El tamaño de las decisiones que mencioné necesita poder y voluntad política a un nivel alto. Es necesario conversar mucho con las autoridades para concientizar y convencer sobre el tipo de paso que hay que hacer. No se puede tampoco divorciar la actividad cultural de la realidad nacional. Este es un país privilegiado con muchas cosas; estamos soñando y deseando elevar el nivel del arte, que nos permita crecer dos siglos más: derroteros a esa altura. Los que tienen que tomar las decisiones grandes tienen que soñar en todos los campos, porque el Estado invierte en muchos aspectos del país. Como dice muy bien don Óscar Arias: gobernar es elegir, es tomar decisiones en base a lo que se cree que es lo mejor. Habrá gente que le guste y gente a la que no le guste, pero eso es gobernar. En algún momento nos tocará recibir un empujón que permita crecer. El sueño lindo sería que la CLN perteneciera a un Teatro que produce espectáculos todo el tiempo y que tiene bodegas dónde almacenar escenografía, entonces lo que se invierte se reutiliza, reprogramando producciones ya hechas. Reciclando los recursos habrá trabajo para los cantantes locales, para un coro estable, para una orquesta.
¿Hay público suficiente para sostener ello?
Yo creo que sí. Hay que hacer público y saber mercadear. Pero nuestra CLN somos dos personas trabajando en una oficina, no se puede hacer todo. Pero es un nombre ficticio. Ni tiene elenco estable y el personal es mínimo. Es lo que hay, además de muchísima voluntad y ganas de hacer cosas por la lírica del país.
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