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Año I, No. 3 * JULIO-AGOSTO 2008

“Una tradición real no es la reliquia de un pasado irremediablemente ido, sino una fuerza viviente que anima e informa al presente” - (Igor Stravinsky)

Tomando como punto de partida esta premisa, presentamos una serie de ensayos sobre la tradición musical de Costa Rica, y su repercusión en el quehacer artístico del presente.

¿Una tradición de composición y enseñanza musical en Costa Rica?

Por Vera Gerner
egerner@una.ac.cr

 

Costa Rica tiene una relación bastante particular con su historia musical. Sin duda, existen importantes antecedentes en diferentes campos de la creación y ejecución musical que se remontan a lo menos al siglo XIX,  destacándose la actividad en torno las bandas como el único contexto musical institucionalizado en este tiempo. Los músicos europeos que se trajeron al país para su fomento -como es el caso de Juan Loots y José Campabadal y Calvet– no sólo ayudaron a estructurar las bandas, sino también aportaron en el campo de la enseñanza y composición. Desde inicios del siglo XX se formaron instrumentistas y compositores costarricenses en el extranjero -como por ejemplo Bernal Flores y Walter Field- una modalidad que hasta la fecha sigue siendo importante para estimular el crecimiento musical.

Aunque de esta manera se han obtenido logros musicales y se han creado importantes obras, éstas constituyen esfuerzos aislados los cuales no llegaron a constituir una escuela y mucho menos a establecer una tradición de enseñanza y creación. Es más, hasta estos mismos logros son puntuales en su impacto, ya que muchos de los grandes intérpretes costarricenses de inicios del siglo XX hoy son olvidados, y aunque la mayoría de los compositores costarricenses se conocen de nombre, sus obras raras veces son interpretadas. La mayoría de estas obras nunca han sido publicadas o grabadas, sino las partituras suelen permanecen como manuscritos únicos en archivos privados de difícil acceso. Tomando en cuenta que la música es un arte inmaterial y por lo tanto su permanencia como tal depende de que sea interpretada y escuchada, esta falta de presencia en los escenarios se asemeja a una anulación. Pero no solo el impacto de las composiciones ha sido puntual, sino también el proceso de formación de músicos de alto nivel. Prácticamente todas las grandes figuras tempranas de la música costarricense son o han sido profesores, teniendo de esta manera la oportunidad de transmitir sus conocimiento. No obstante, son pocos los músicos de alto nivel a quienes han formado, sino más bien se puede observar un vacío en la producción de músicos entre la primera generación de intérpretes y compositores formados en el extranjero y un bastante reciente resurgir de músicos de alto perfil.

Sobre las razones de este desfase se puede especular mucho. Es probable, que la personalidad de algunos de los grandes representantes tempranos de la composición costarricense haya jugado un papel importante, pero difícilmente puede ser la única razón. Observando el desarrollo reciente - en el cual personalidades específicas destacan menos y se observa una base creativa más amplia que muestra signos de ser más sostenible – se ofrece otra explicación: La creación de instituciones junto a un roce internacional. En la primera generación de músicos costarricenses hubo un destacado interés por la enseñanza, formando muchos sus propias escuelas o asociaciones musicales, pero éstas eran de corta duración. Es hasta con la fundación del Conservatorio Nacional y de la Sinfónica Juvenil que surgen centros de enseñanza musical que no dependen de esfuerzos personales sino tienen un respaldo institucional que puede garantizar su sostenibilidad.

No obstante, estas instituciones no tuvieron un impacto inmediato sino la actividad musical más bien pareciera haber decaído justamente en esta época. Aquí llama la atención, que al fundarse instituciones musicales en el país las becas para el estudio en el extranjero mermaron y el estado se preocupó menos por traer maestros del exterior. Es hasta recientemente y con el regreso de costarricenses quienes estudiaron en el extranjero, que la producción de obras y músicos en el país volvió a subir de nivel. Pero a diferencia de la primera mitad del siglo XIX, estos músicos cuentan con instituciones consolidados que les permiten transmitir sus conocimientos, lo cual pareciera estar permitiendo la consolidación de la enseñanza musical en Costa Rica.

No obstante, la sostenibilidad es tan solo el menor aspecto de una tradición, residiendo su mayor importancia en ser “una fuerza viviente que anima e informa el presente”. Aquí llama la atención la mencionada poca ejecución de obras costarricenses, además de un desconocimiento generalizado de grandes personalidades del ámbito musical nacional. Existe un prejuicio sobre la calidad de estas obras, el cual nace en gran medida de su desconocimiento. Pero tampoco los esfuerzos de promoción mediante la inclusión obligatoria de obras nacionales en el repertorio de - por ejemplo - la Sinfónica Nacional han revertido esta valoración. Sigue pendiente un proceso amplio y serio de revisión y evaluación de la creación musical costarricense, buscando dar a cada una de las obras y de los grandes intérpretes el lugar que artística e históricamente se merecen, rescatando obras de gran valor como antecedentes para la producción futura y ubicando la importancia histórica de obras de menor perfil.

Aquí llama la atención que hubo una temprana inquietud en este sentido, tanto con la publicación de los folletos de música folklórica impulsada por la Secretaría de Educación en la década de los treintas, como con las investigaciones de Alcides Prado en el ámbito tradicional y de Bernal Flores en el ámbito clásico, entre otros. Al igual que la enseñanza, también estos esfuerzos han sido individuales y no han tenido continuidad. Es hasta recientemente que se ve un mayor esfuerzo en este sentido, y aunque bien la investigación musical sigue lejos de ser una prioridad institucional, llama la atención que la mayoría de las investigaciones están relacionados a los mismo centros públicos de enseñanza musical, siendo muchos producto de estudios realizadas dentro o para las mismas instituciones.

En fin, de ser cierta la afirmación de Igor Stravinsky que “Una tradición real no es la reliquia de un pasado irremediablemente ido, sino una fuerza viviente que anima e informa el presente”, Costa Rica sigue negándose a si misma esta fuerza en el campo musical. Hay signos de cambio, pero hasta la fecha no se ha reconocido la verdadera importancia de lo pasado con tal de realmente lograr que éste contribuya a un futuro por construir.

 

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